La moda hoy y un punto de vista que invita a mirar hacia atrás.

En la moda hay un momento en el que está bueno parar. Detenerse, mirar hacia atrás y, luego, volver a mirar hacia delante.

Hoy cuando hablamos de moda estamos mirando siempre hacia delante, esperando eso nuevo, esa sorpresa necesaria que parece no tener fin. Así nació el casi muerto “see now, buy now”, un invento más para alentar el consumo inmediato. Inmediatez que no siempre puede ser inmediata, ya que existen tiempos que deben ser respetados. Valga la redundancia, no existe la inmediatez inmediata, siempre hay un proceso que requiere producción y tiempo.
Las redes sociales, amadas y también odiadas, siempre ofrecen algo nuevo, pero también cuestionan, todo el tiempo, acerca de las necesidades reales, o no, de cada uno. Mientras hoy estamos en un momento donde todo lo que queremos tiene que ser ya, propongo detenernos en algunos diseñadores, aquellas personas que ofrecieron algo a la moda en épocas donde había que esperar para poder tener, justamente, eso que ofrecían.
Cuando Yves Saint Laurent reemplazó a Christian Dior en 1957 no especuló con provocar escándalos para promover ventas. Al menos no en ese momento. Él pensaba en la moda y en sus clientas, en proponer algo diferente para que el disfrute sea grato, miraba alrededor para inspirarse y ofrecer algo nuevo. Lo mismo ocurrió cuando abrió la boutique con su nombre. Coco Chanel no pensó en una remera con una leyenda de puro marketing para acaparar la atención cuando se convirtió en diseñadora. ¡Y eso qué era muy feminista! Claro, no era la época de marketing personal. Sin embargo su real conciencia de oferta de moda radicó en ponerle cuerpo y concepto a su historia personal y a sus necesidades para poder entregar algo nuevo a sus pares. No hay otra explicación, por ejemplo, sobre el vestido negro y los cuellos blancos que refieren a las monjas del internado donde vivió de chica. Ella misma necesitó un uniforme.
A mediados de los 80´, e inspirada en su propia vida de mujer trabajadora, Donna Karan creó las 7 prendas fáciles de llevar que consideraba eran necesarias para el guardarropas femenino. Entre ellas, el body blouse, una monoprenda cuya parte superior simulaba una camisa y permitía estar siempre bien vestida, con comodidad y buen gusto. Fue una revolución que resultó ideal para aquellas mujeres pioneras de Wall Street.
Un ejemplo más actual: Phoebe Philo, la gurú de la moda parisina, hoy tiene muy en claro cuál es su función en Céline: ropa no estrafalaria, con diseños nuevos, modernos y de calidad que sobrevivan en el tiempo. No rediseñó el pasado de la firma, la actualizó a través de su propia visión de mujer moderna. La energía creativa de Philo se ve y se siente desde hace varios años.
Hoy Maria Grazia Chiuri se consolidó, rápidamente, en Christian Dior por medio del marketing del exceso. Su sólo nombramiento, como la primera mujer a cargo de una marca históricamente dirigida por hombres, ya era un éxito en si misma. Hoy puedo dudar de su manifiesto feminista de remera “piquetera” y pensar que se trata de un “abuso momentáneo de poder”. Me hago cargo, vengan de a una.

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